Excusas, excusas, excusas

Cuando creemos firmemente en la posibilidad de tapar el sol con un dedo y preferimos morir en la orilla a causa de nuestras limitaciones o falta de compromiso  y capacidad, usamos una herramienta heredada de la misma condición humana: las excusas. Ese vicio del conformista y el mediocre que intenta siempre disminuir lo bueno y lo malo en nuestra existencia.

“¡El que quiere hacer algo, encuentra el camino; El que no quiere hacer nada, encuentra una excusa!”
–Anónimo

Y así es. Siempre oímos en nuestro fútbol que hay atrasos salariales por culpa de las malas taquillas en los estadios. ¿Pero qué empresario serio basa las responsabilidades económicas de su negocio en dinero “ficticio”? (que no sabe si va a llegar o cuánto va a llegar). Aparece el viejo cuento de: “la afición no responde”.

Por su parte, en el campo, los equipos hablan del terreno de juego como culpable de su derrota. O si no, del número de partidos por mes o el arduo trabajo a lo largo de la semana. ¿Pero en Europa no juegan en terrenos cubiertos de hielo, en temperaturas bajo cero? En Inglaterra, el Manchester City jugó el 31 de diciembre y luego el 2 de enero. ¿En qué posición va este equipo en la Premier League? Y sin excusas.

“La excusa más cobarde es culpar al destino.”
—Ismael Serrano (Cantautor español)

“Dios no quiso que ganáramos hoy”. ¿Cuántas veces habré escuchado eso en mi vida? ¿Por qué alguien pensará que Dios se va a ensañar con un equipo de fútbol en un pequeño país del centro de América? Usar a Dios de escudo contra la crítica de la afición y la prensa es una táctica muy desgastada que no deja apreciar bien los errores cometidos ni permite rectificar el camino, pero es efectiva. ¿Por qué? Simple. ¿Quiénes somos para conocer (o poner en duda) si es cierto o no que Dios tuvo algo que ver con el resultado? Excusa a prueba de balas.

“Al cabo que ni quería”
–El Chavo del Ocho

En el fútbol tanto como en la vida, las excusas abundan. Lo que escasea es la fuerza de voluntad y el compromiso con una causa. Si llego tarde al trabajo, fueron las presas. Si pierdo una materia en mis estudios, probablemente fue el profesor, o el trabajo o que estuve enfermo. Al final de la jornada, podríamos decir, “de por si…”. Excusa de impotencia y aceptación de lo que se hizo mal, o no se hizo del todo.

“El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa.”
—Anónimo

A esto tenemos que apelar siempre. Tener una meta. Las excusas nos pueden enviciar. Los pretextos para minimizar mis carencias o simplificar la ventaja de los demás es caer en el ridículo. ¿Por qué siempre hablamos de que el árbitro nos roba el partido y no pensamos que el equipo perdió tres o cuatro ocasiones claras de gol, o que mi jugador estrella se expulsa sin razón aparente?

Año a año, el fútbol les trae a nuestros equipos la posibilidad de crecer. Pero esto solo se alcanza con entrega, compromiso, trabajo fuerte y un objetivo claro en la mente de los que trabajan defendiendo las once camisetas de nuestra Primera División.

Las justificaciones enardecen a la afición, decepcionan a los patrocinadores, montan el circo para la prensa y disminuyen nuestro valor como fútbol ante los ojos del mundo. Le jugamos de igual a igual a la campeona mundial, ¿por qué debemos esperar menos de nuestro fútbol? Ah sí, lo olvidaba; las excusas.

Publicada originalmente el 7 de febrero de 2012 en Herediano.com

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