Las guardianas de la luna

Lily descendió del volcán con una luna entre sus brazos.

Aunque su misión principal ese día era nada más de reconocimiento y recreación, el destino le tendría una gran sorpresa en la forma de una experiencia más para sus días. Un llamado del corazón, una decisión irracional, el deseo de experimentar algo nuevo, o simplemente un designio ya escrito, esas son las posibles maneras de explicar cómo una luna llegó a sus manos. Lo cierto, es que desde ese día en adelante, Lily se convirtió en la primera guardiana de la luna.

De igual forma, cuando Lily decidió llevarse esta luna consigo, automáticamente, su pequeña hija Mérida también vería sus días cambiar de forma irremediable con una misión heredada por su madre pero para la cual, ya a su corta edad, esta preparada de forma natural, es más, se podría decir que nació para ello.

Mientras Lily recorría todo el valle con esta luna nueva bajo su cuidado, las señales del calibre de su misión comenzaron a manifestarse. Las cosas serían irremediablemente complicadas desde el principio. El encargo que el destino había puesto en sobre su espalda era un tema de vital importancia; la luna que adoptó, estaba enferma.

En su cápsula blanca, Lily viajó a gran velocidad, la vida de su nueva luna estaba, al parecer, en riesgo pero ella no podía saber qué tan grave era el estado. Por más que sus conocimiento científicos eran amplios, su instinto materno la hizo entrar en modo sobreprotector para no dejar pasar por alto ningún elemento que pudiera afectar aún más la salud de su luna.

El viaje se tornaba extenso y complicado entre chequear cada minuto la salud de la luna y esquivar los cráteres y demás obstáculos en el camino de su nave, Lily hacía todo lo posible para mantener la tranqulidad, a sabiendas que ella y solo ella podía ser capaz de brindarle una nueva vida a esta enferma criatura.

Envuelta en una manta y temblorosa, la luna por fin llegó a su nuevo hogar. Lily la bajó de la nave con el cuidado que se tiene con el objeto más preciado, valioso o frágil que se posee en la vida. Una rosa para unos, para Lily, una luna.

En los ojos de Lily, la angustia, la ansiedad, pero también el amor y la determinación se reflejaban en una luna que comenzaba a dar muestras de mejoría luego de pasar por momentos de considerable preocupación, en los cuales, quedó en evidencia el mal estado en el que había sobrevivido los últimos días, semanas o tal vez, incluso, meses.

Con el paso de los días, la mejoría de luna fue notable, casi increíble para lo quebrantada de su salud al llegar al que sería su nuevo hogar, este hogar que hasta cierto punto se convirtió en el nuevo reto para Lily y Mérida, quien ahora también formaba parte de la vida de luna.

La fuerza, la energía y el espíritu de luna comenzaron a manifestarse, sin embargo, las circunstancias que la rodeaban mientras vivía cerca del volcán eran muy diferentes a las que encontró con Lily y Mérida. Acá, su espacio era más seguro y acogedor, pero más reducido y lleno de reglas que debía seguir.

Los primeros días se constituyeron como una prueba para las tres. Por una parte, Mérida y Lily hacían hasta lo imposible para que luna se sintiera a gusto, tomando en cuenta que su salud seguía en proceso de mejora, a pesar de que ya se le veía más radiante y llena de vida y por otra parte, luna debía aprender a controlar los niveles de su energía para no lastimar, sin querer, a las personas que trataban de ayudarla a iluminar un nuevo mundo.

En su proceso de adaptación, la luna se enfrentó directamente a las medidas y restricciones que Lily intentaba poner en su nuevo hogar, lo que causaba que al final de la jornada, tanto la luna como Lily terminaran con sus fuerzas bajas y sus ánimos decaídos por el hecho de tener que friccionar a diario.

Ante este conflicto constante, Lily comenzó a cuestionarse si había sido una buena idea haber sacado a la luna de su ambiente en el volcán. Además, un accidente en el que Mérida resultó herida al entrar en contacto directo con la luna no hizo más que acrecentar las dudas de Lily quien temía por el bienestar de las tres y sentía flaquear su determinación por culminar su misión de recuperar a esa exhuberante luna salvaje que llegó a su vida, en un acto inesperado del destino.

Pero esta luna era mágica. Esta luna era capaz de entender el sufrimiento de Lily al tratar de entregarse por completo con el único objetivo de hacerla feliz.

Fue aquí, cuando una noche, luna decidió cambiar para poder demostrarle, con este acto de entrega, de desprendimiento, que ella también quería formar parte de la vida de Lily y Mérida y que jamás, por culpa de su poder, volvería a dañar a ninguna de las dos.

Luna brilló. Resplandeció con una calma que rivalidaba solo con la energía de los días en que recuperó todo su poder. En ese momento, su perfecto color blanco comenzó a tomar matices color crema, incluso tonos café. Su superficie empezó a cambiar y ahora, el círculo que la formaba empezaba a mutar de forma y un fino pelaje cubría el espacio donde la luna reposaba.

Un rayo de luz inundó la casa y fue ahí cuando Lily se despertó.

Lily corrió hasta la habitación donde contenía a la luna. Su desesperación buscando la forma de abrir la puerta y descubrir qué había causado tal destello, hizo que Mérida también interrumpiera su sueño, y confundida, nerviosa y temerosa siguiera a su madre hasta luna.

Fue ahí done la vieron por primera vez. Una hermosa criatura de mirada profunda, ojos con el más pacífico de los cielos y un pelaje blanco con tonalidades crema que aún resplandecían por los efectos de la transformación que acababa de terminar.

Luna, esta hermosa lobita reposaba envuelta en su larga cola. Se transformó en la guardiana de la casa y la protectora de Mérida y Lily, quienes a partir de ese día llenarían sus días con la compañía de una hermosa mascota que les recordaría la aventura más inesperada y grandiosa que habían vivido hasta la fecha. Sin embargo, las sorpresas continuarían cuando descubrieron que Luna estaba a la espera de cachorritos, cuatro pequeños seres crecían dentro de ella, cuatro nuevos miembros de la familia que recordarían por siempre las etapas de la luna, quien desde ahora será y para siempre, su Luna.

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