Según cuentan los más viejos, los síntomas de la Gran División habían hecho su aparición por años en diferentes aspectos de la vida en Kolob. Sin embargo, los jóvenes son quienes llevan en su piel las huellas más visibles del día en que su nación cambió para siempre.

     Solo bastó una palabra para que el país se viniera abajo. La sociedad quasi utópica en la que convivían los ahora “rebeldes”, y los entonces llamados “ciudadanos celestes” funcionaba en torno a los roles que cada uno cumplía y en la colaboración fraterna entre los individuos de Kolob y sus ciudades “órbita”; Mu, Erodom, Narsix, Trixton, Incan y la flamante líder industrial, Somnis.

     Cada capital aportaba al país su conocimiento, sus minerales, sus talentos y su trabajo para mantener el orden y darle vida a las idea de los “Nazar” quienes diseñaban en su mente el día a día y el futuro de Kolob y sus ciudades. Eran los eruditos, los grandes sabios y respetados líderes del conocimiento. Lo fueron hasta el día que tomaron la inesperada decisión de declarar al “Alto Mando” como el nuevo orden en el país.

     Aunque la influencia de los Nazar era innegable, ellos no lideraban el país. Eran considerados los consejeros natos y la guía espiritual e incluso emocional del pueblo. No obstante, el poder real recaía sobre los hombros del Udyat Supremo.

     El Udyat era un cargo otorgado por los Nazar a la persona cuya influencia, energía y conocimiento de uno de su clase pero cuyo deseo de poder y habilidades para liderar lo pusieran lejos del camino único de las ideas, y la razón. Una persona que ambicionara más que solo tener un papel detrás de escena y quien estuviera dispuesto a darle rostro a la gran nación que había emergido como la gran heredera del imperio humano en La Tierra siglos atrás.

     Por décadas, los Udyat lograron estabilizar un pueblo temeroso de lo desconocido pero lo suficientemente valiente para reconocer que no existía más camino que hacia adelante. Fue así, como los ciudadanos celestes entregaron todo de si mismos a la voluntad y sabiduría de los Nazar y su máximo ungido, el Udyat sin saber que un día, este desprendimiento significaría su ruina.

     Un legendario dicho de la humanidad reza que “siempre hay una primera vez para todo” y al parecer, los Nazar, presos de su naturaleza humana, decidieron aplicar este principio en la elección de su último Udyat, quien asumiría el poder tras la repentina muerte de Glasgow Udyat, quien llevaba en el cargo más de 10 años con un legado respetable pero con una política conservadora que molestaba a las generaciones más jóvenes ya que, las nuevas ideas y la búsqueda de territorios inexplorados eran apagadas sin mucho análisis por parte de Glasgow.

     Fue así, que tras la muerte de este estricto Udyat, los Nazar se encontraron en la encrucijada de encontrar a alguien que fuera de su entera confianza pero que a la vez demostrara una señal de cambio y flexibilidad en la cima del poder que regía Kolob en esos días.

     Ante esta preocupación, el Concejo de los Nazar acordó por primera vez en 986 años desde la salida del pueblo nómada desde La Tierra, la nominación de una mujer como la nueva Udyat.

     La nueva líder del pueblo sería Lilith Udyat.

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