El pintor

La vida tiende a complicarse por uno o varios motivos. A veces, está en nuestra propia mente la fuente de tantas complicaciones. La familia, los amigos, la universidad, el trabajo. Son tantos los factores que día a día pueden ir mal y causar que el día a día se torne gris.

Esta es la historia de cómo, aunque todo dé vuelta y salga del control que pretendemos tener sobre la vida, la cual, es imposible controlar y no hacemos más que engañarnos pensando que podemos llevar las riendas de lo que pasa desde que despertamos hasta que dormimos, se puede encontrar un punto de luz que ilumine la esperanza.

Ella entró en mi vida algún tiempo atrás, sin embargo, cada quien tenía su camino y ninguna intención de que se cruzaran. Los meses pasaron y del hola y el adiós y la broma ocasional no pasamos. La relación estaba en el único punto lógico en el que podía estar: la cordialidad.

El tiempo tomó su curso y en la manía de querer controlar mi vida tomé decisiones que, según yo, me llevaban al lugar donde quería estar y con las personas con las que quería compartir mi vida. Esa misma vida fue la que me demostró con claridad que no tenía la razón y que iba a pagar caro por mis decisiones.

No obstante, también fue esa misma vida la que me dio una oportunidad de redención y lo hizo en la forma de esa mujer que ya había entrado en mi vida pero en un rol lejano que pronto habría de cambiar.

Decidimos salir. Descubrir quienes eramos fuera de nuestro lugar de trabajo y quienes podríamos llegar a ser juntos. Sin pensarlo mucho, sin planearlo. Simplemente la sencilla idea de compartir un poco e intentar encontrar un amigo en la imagen del otro.

Así fue como todo comenzó a girar una vez más. Pero, esta vez, giraba con un sentido. Con una intención real de construir un mundo destruido meses atrás y con la gran sorpresa de que incluso la luna sería nuestra cómplice en un mundo que, aun semanas después de nuestro primer beso, seguía siendo extraño y lleno de grises. Cargado de miedos e inseguridad.

Pero ese mismo mundo comenzaba a cobrar vida y a reclamar matices más profundos. El tiempo juntos nos brindó la paz, la tranquilidad y la seguridad que comenzó a reemplazar los grises y cambiarlos por una visión más completa de lo que ambos queríamos recibir para nuestra vida.

De la mano de la naturaleza tanto de la Tierra como la natural forma en la que nuestra vida, ahora juntos, comenzaba a avanzar, es que comenzamos a distinguir más allá de los grises y fue en ese punto que la alegría llegó a este momento

“Gracias por pintar mis días con tantos colores. Te amo”

Ese era el premio que por meses soñé y que nunca pensé obtener. Su amor.

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