Contacto cercano del tipo desconocido

Su petición fue extraña.

No hay manera de encontrar sentido a su mensaje, pero la curiosidad se apoderó de mí. Mis instintos más básicos me ganaron la partida y terminé diciendo: “Sí”.

La conocí años atrás, pero solamente eso.

Nos conocimos en un contexto  meramente profesional. Nos vimos, interactuamos, y nos relacionamos lo que nos teníamos que relacionar porque era inevitable.

Nos hablamos con normalidad; un trato cordial, amable, abierto y sincero.

Tal vez sea esa sinceridad lo que causó que hoy me haya hecho una propuesta tan extraña pero a la vez tan interesante. Un llamado que en estos días de modernidad y alta conectividad por medio de la tecnología, simplemente no sucede.

Lo que ella pide de mí raya en la excentricidad, en lo irracional, es material para las dudas, el temor e incluso un fuerte sentimiento de vulnerabilidad. Pero, ¿por qué?

Sus palabras fueron claras, directas pero sumamente inesperadas: ella quiere que hablemos. Quiere que como extraños que somos, nos conozcamos.

¿Por qué es tan extraño que una persona con la que no he tenido contacto en años, de pronto quiera que nos “conozcamos?” ¿Por qué es tan difícil comprender el deseo nato e inocente de saber más respecto a las personas que nos rodean? ¿De qué sirve rodearse siempre de las mismas personas, llegar a las mismas condiciones, situaciones y resultados una y otra vez?

Estas preguntas y otras más ocuparon mi mente desde el momento que ella me dijo que “saliéramos un día a tomar un café y hablar para conocernos un poco más”.

Pero esas mismas interrogantes, y porque no, dudas, me hicieron ver que de eso se trata esta vida. ¿Por qué no salir y hablar con esta persona nueva, la cual, se conecta de forma inesperada con una de las etapas de mayor felicidad en mi vida?

Me aferro a la curiosidad como bastión para mover un pie al frente y respaldar el “sí” que le di a ella como promesa de un encuentro del que aún dudo.

Pese a las dudas, lo cierto es que luego de mi cita de trabajo, acepté a reunirme con ella, en un lugar que curiosamente, es tanto mi favorito como el de ella. Sin siquiera vernos, sin hablar de frente y sin planearlo, ya tenemos algo en común.

Los nervios corren. No porque sienta que haya intenciones ocultas, al menos, yo no las llevo. Sino, porque no sé de qué se trata este encuentro en primer lugar. Una vez, una amiga me pidió que nos reuniéramos para tomar un café y me terminó queriendo lavar el cerebro para entrar en una “secta” de gurús de las ventas de productos medicinales. Hoy, ciertamente, no quería otro encuentro de esos.

Ella me avisó que llegaría tarde por el denso tráfico capitalino. Por mi parte, buscaré distraerme visitando mi antiguo lugar de trabajo que queda cerca de nuestro punto original de encuentro.

Luego de los respectivos saludos y hacer un poco de tiempo, recibo su mensaje de texto: “SMS: Estoy afuera”.

Llegó el momento, pensé.

Salgo del edificio en el que me encontraba y comienzo a buscar un automóvil que no conozco. Al darme cuenta de mi estupidez le envío un texto preguntándole dónde está.

Me responde casi de inmediato y camino unos cuantos metros hasta su vehículo. La miro y me sonríe, así como yo a ella. Es un momento extraño que mezcla los nervios con la curiosidad.

Luego de saludarnos, siguió un silencio incómodo que nos recordaba el tema del día: ¿qué estamos haciendo en ese carro?
Conversamos un poco en el camino y ella comienza a describir el por qué de su decisión de comunicarse conmigo para hacer este encuentro una realidad.

Me explicó cómo para este año ella comenzó una lista de propósito por hacer y uno de ellos, era hablar y conocer a una persona fuera de su círculo social. Pero la idea es conocer a la persona, no simplemente hablar un día y nunca más tener contacto con ella, porque sino, eso sería casi lo mismo que hablar con un desconocido en la fila del banco o en el autobús o mientras se ordena comida en un restaurante. Su plan requería conocer a la persona en una manera más completa y de mediano a largo plazo.

Su idea, era contactar a una persona al azar, aunque no tanto al azar ya que ella misma me confesó que analizó seriamente las opciones que tenía antes de tomar una decisión sobre a quien finalmente acercarse para plantear esta poco usual propuesta.

Al final de su objetivo, ella debía saber más sobre la vida de la persona, sus gustos, las cosas que le apasionan y básicamente, conocer a un desconocido.

Una total locura, pensé.

¿Qué persona en pleno siglo 21 sale en búsqueda de conocer a un extraño sin otra intención más allá del simple hecho de conocerla?

“Una locura”, repito para mis adentros. Pero debo confesar que es una locura que me intriga fuertemente.

Me parece sumamente curioso, sorpresivo, ameno, gracioso, loco pero sumamente intrigante pasar de mis dudas a disfrutar de ser el conejillo de indias de un singular, ambicioso y sumamente inesperado plan de una persona que quiere redescubrir su mundo, una persona a la vez.

Ella fue mi estudiante cuando yo impartía clases en la universidad. Después de un tiempo nos conectamos por medio de Facebook; nunca hablamos, simplemente completamos el ritual social de ser “amigos” en dicha red. Luego de ese día, no nos hablamos hasta el momento que ella me escribió para hacerme parte de su idea de año nuevo.

Es decir, luego de meses, incluso creo que años, estamos aquí, en este lugar, hablando cara a cara, conociéndonos y rompiendo la barrera de la indiferencia que es regla común con la mayoría de “amigos” de Facebook.

“Me parece tan extraño y tan inesperado que estemos aquí”, comenta ella.

Estamos sentados en un restaurante nada típico: es un lugar temático de la cultura Pop, en la cual reinan todo tipo de elementos de películas, series de televisión, caricaturas, animé japonés, y todos los personajes que alguna vez han habitado una pantalla de cine, televisión o las páginas de un libro de cómics. En pocas palabras, el sitio es único y la clase de personas que se conectan a ese lugar, es igual de inusual.

En el pasado, solamente había invitado a ese lugar a los amigos con los que he tenido una relación por años y que sé, son seguidores de esa subcultura ahora llamada “geek”, por lo que jamás hubiese esperado sentirme tan a gusto con una desconocida en uno de mis lugares favoritos y reservado para mi círculo de amigos más cercano.

El objetivo era uno: conocernos. Entonces comenzaron las preguntas: “¿cómo estás?”, “¿Qué tipo de cosas te gustan?”, “¿Qué hacés en tu tiempo libre?”, “¿Cómo va el trabajo?”, “¿Cómo va todo con tu novia?”, etc. etc.

Comenzamos a intercambiar información y nos dimos cuenta que, aunque desconocidos, teníamos muchas cosas en común y que la selección de ese restaurante para nuestro primer encuentro no fue una coincidencia tan remota.

Luego de comer (y obviamente hablar de gustos culinarios), hablamos un poco más sobre nuestros gustos y ella de vez en cuando, interrumpía el tema para hacer un comentario de lo sorprendida que se sentía de estar ahí, en ese restaurante, hablando conmigo; no solamente un desconocido, sino un profesor, con el cual solamente tuvo contacto profesional por dos meses y nada más. Por supuesto, ahora, sumaba su sorpresa por compartir tantas similitudes con un desconocido que con cada minuto se convertía en un nuevo conocido con la opción latente de engrosas su lista de amigos en un futuro.

Nos levantamos de la mesa y empezamos a caminar por el restaurante, el cual, tiene una tienda llena e artículos de los personajes de todo tipo de serie y película. Yo corrí a ver todo lo relacionado con cómics y películas, ella con manga, animé y la cultura japonesa.

Por supuesto, este pequeño tour dio pie a que iniciáramos nuestra conversación sobre nuestras series de televisión y películas favoritas, comenzando por nuestra infancia hasta la actualidad.

Tras agotar nuestra caminata por el restaurante, salimos del local con el reloj a nuestro favor por lo que tomamos la decisión de que la velada no iba a terminar ahí. Es por eso, que salimos con el mismo objetivo con el que entramos: conocernos más.

Caminamos por un centro comercial y entramos a una tienda de discos y artículos relacionados con la música, lo cual abrió todo un nuevo repertorio de temas para conversar, los cuales hacían eco de los pensamientos en mi mente cuando escuchaba la música que ella tenía en el estéreo de su automóvil.

La noche entraba poco a poco en su etapa final, pero no las oportunidades de conocer más uno del otro en este inesperado encuentro, esto, porque nos encontramos una tienda llena de artículos similares a los que habíamos visto en el restaurante y ahí agregamos un espacio y momento más para recordar de esa épica salida de desconocidos.

La noche culminó con un helado lo que dio paso a una conversación sobre nuestros postres favoritos así como un lugar para sentarnos a hablar de nuestras preferencias a la hora de vestir, eso, gracias a la inspiración de las tiendas de ropa a nuestro alrededor.

Comprendí, mientras hablábamos, que la vida es lo que nosotros creamos con nuestras decisiones. No existe un molde. Fue así como su decisión de querer conocerme a mí tuvo un impacto en mi día y sin saberlo, en los días por venir. Entendí, que la vida no es lo que esperamos, ya que, lo que planeamos rara vez saldrá al 100% como lo proyecta nuestra imaginación y que lo “inesperado” SIEMPRE será parte de la receta de la vida.

Esta persona “desconocida” se ganó un espacio en mi mente para siempre, ya que, marcó un antes y un después en mi vida. En momentos de cambio, en los que cada vez estoy más cerca de mis 30 años de edad, encontrar a alguien que “refresque” mi visión de la vida es una señal de que hay que tomar control de las cosas y no permitir que las circunstancias, el “qué dirán”, o las personas de mente cerrada me limiten.

Llegó el momento de buscar un “plan”, así como ella. Pero no cualquier plan, tiene que ser MI plan.

Ese plan, que unido a las cosas que ya he alcanzado hasta el momento, en mis estudios, mis carreras, mi trabajo y la mujer que quiero a mi lado, me permita vivir una vida construida bajo mis propios términos, escrita al ritmo y en las líneas que yo elijo para dejar testimonio de mis pasos por este mundo, como lo hace ella y como lo logró en una noche.

Ahora, además de mis recuerdos de una nueva persona en mi vida, en camino a convertirse en una nueva amiga, tengo una pequeña figura de Neo, personaje principal de la película “The Matrix”, que servirá como recordatorio perpetuo de la extraña cadena de eventos muy afortunados que gravó en mi mente la idea de que todos los desconocidos son amigos en potencia.

“Te quiero regalar a Neo porque vos fuiste el elegido para mi pequeño experimento y quería agradecerte por ayudarme a cumplir uno de mis propósitos de año nuevo”, me dijo ella.

Lo que ella desconocía es que el más agradecido era yo, porque la flama de vivir, de buscar un significado y ser feliz con lo que tengo en mi vida ha vuelto a mis días y prometo honrar nuestro encuentro, hallando el camino que perdí cuando me dejé llevar y permití que otras personas tomaran el control de una vida única, especial, e irrepetible: la mía.

“…to draw closer, to find each other and to feel” -LIFE

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