Cuando un ciclo termina, no hay nada más que resignarse a la realidad de que acabó todo ese universo que nuestra mente ya había creado con anticipación bajo esa falsa pero a la vez, tan real premisa de que esa persona estaría allí siempre a nuestro lado. La realidad, es otra. Las personas se van. Muchas dejando un vacío inesperado, otras uno ansiado pero extraño a la vez.

Es casi imposible para mí, incluso después de semanas, entender cómo una persona que sumerge sus días entre libros y películas cargadas de historias de amor no sepa nada de amar a otras personas y se convierta en un ser sin corazón que lo único que puede amar es lo que sus ojos observan cuando se pone de pie frente al espejo.

Es difícil regresar a “la vida antes de ella”, incluso las rutinas más triviales se convierten en un ejercicio de convencer a la mente de que hay algo más importante en la tarea de acomodar libros, quitar el polvo que ha caído sobre los viejos CDs, ordenar la ropa y limpiar los aparatos electrónicos como el televisor o el stereo.

En estos procedimientos mecánicos la mente entra en un peligroso modo “automático” el cual permite que el cerebro se llene de ideas, preguntas sin respuesta, y las sensaciones del fracaso en la misión de crear un lazo honesto y fuerte con otro ser humano.

Mientras tanto, de fondo una canción intenta ganar una batalla a mi favor y distraer la mente de ella y de su, ahora, nocivo efecto para mi salud.

“Look at you
Feeling all good
You can’t resist
You have to be all
Up in it
Don’t it feel great
Talking Shit
I let it go…”

Continúo con mi labor, la cual, en el exterior se ve como la actividad más derrotista y banal posible pero en mi interior se libra la batalla más grande por el control de mi sanidad y la búsqueda de la salida del agujero en el que ella me arrojó cuando decidió que “nada” era mejor que todo lo que recibía de mí.

Recordar ese trágico “No sos vos, soy yo”, el cual solamente es la forma cobarde de reconocer que no se tienen las ganas, la voluntad ni mucho menos el amor de luchar por algo y que es más fácil echarlo todo por la borda porque simplemente nunca le importó.

Probablemente esa sea lo que ha aprendido de sus estúpidos libros de amor y sus empalagosas películas románticas para quinceañeras que ella aún en sus 20s no ha logrado superar.

All the disrespect
All the hypocrite
All the bullshit you took from me
You’re such a piece of shit
Nothing but heretic
Sucking the life out of me
Fucker, you’re gone without me

De nuevo esa canción, conectándome con lo que yo era antes, antes de ella, antes del drama y la traición, antes de las mentiras blancas que la única persona que se las creyó fue ella y probablemente sus amigos.

What a puss
Think you’re so tough
I take this shit
All I had was
Love in me
It was so good
But that wasn’t enough
You ripped it away

Una canción que me recuerda que la vida continúa y que yo sí puedo salir a la calle con la frente en alto, no como una víctima sino como un luchador que tenía una causa y que fue destruida por una “compañera de batalla” que nunca estuvo a la altura de la lucha y que al parecer tampoco le importó estarlo. Lo más trágico, es que su escape es apelar a un papel de víctima del cual es imposible creerle una palabra.

Pero igual, ¿cómo creerle a alguien que se miente a sí misma para quedar como la buena de la historia? ¿Será que todo el tiempo a su lado fue una gran mentira?

La canción no parece resultar, los pensamientos, las ideas y temores ganan la batalla y esa “invasora” se adueña de mi mente, lugar donde ya no tiene derecho a entrar. Ella renuncio a su espacio ahí por perseguir la vanidad de su narcisismo.

Foto: Artificial Joy

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