Un hombre de bien

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A pesar de su gran decisión, esta era una mañana cualquiera para él.

“Leni”, como lo conocían sus compañeros y los miembros de su familia, tomó la decisión de cambiar su vida. Para su fortuna, una oportunidad de alejarse de su antigua vida, se presentó en el momento justo y era tiempo de dejarlo todo atrás.

Tenía la tranquilidad de preocuparse solo por sí mismo, dejando de lado las necesidades de los demás, las cuales siempre habían amarrado su vida a un estatus de “esclavo” de su disposición de ayudar al prójimo que le inculcó su familia. Incluso, olvidándose de sus propias necesidades.

Algunos le llamarían “héroe”, él se consideraba un idiota. Pero eso cambió. Cambió para siempre gracias a esas personas que consumieron sus días sin que Leni se percatara de ello. Por suerte para él, aún tiene tiempo para retomar control sobre sus acciones y trazar la línea que debió hacer respetar años atrás.

Hoy, Leni no se interesaba por los demás. Nadie era lo suficientemente importante en su vida como para robarse el control de su mente o la fuerza de su corazón. Ni siquiera la chica que todavía dormida plácidamente en su cama, sin saber que era nada más que la “chica de este fin de semana”.

Sin embargo, Leni no es un desalmado. Sabe lo que quiere para él pero también es consciente que nada le da derecho a destruir a alguien más simplemente porque a él le dejó de importar todo aquello que llamaban “amor”.

Leni se había cansado de ser el hombre bueno, el amigo de la voluntad inquebrantable y el creyente ferviente en la raza humana. Ahora, era simplemente un tipo más. Con la paz mental que solo la neutralidad le podía brincar. Si alguien quería salvar el mundo en su lugar, Leni, gustoso, le brindaría su lugar. Su mundo ahora es él.

Esa chica era una de las tres mujeres que todavía vivían atadas al recuerdo del buen hombre que él siempre había sido, a esa imagen del bondadoso y abnegado hombre que no podría dañar nunca a nadie.

Esa chica, como las otras dos, no eran capaces de ver que él había cambiado y es que ellas nunca podrían verlo porque simplemente se “enamoraron” de un ideal sin tomarse la molestia de conocer al hombre que representaba esa idea en la que ellas necesitaban creer luego de vivir por años rodeadas de “malos hombres”.

Pero Leni, no sería su redentor. No más. Esa época terminó.

Leni volteó a ver a la chica. Podía ver la espalda desnuda de la chica y la silueta de sus caderas por debajo de las sábanas. Wen tendría que entender su decisión aunque al principio le duela. Ella no puede esperar que él sea el tipo que borre años de conflictos con su padre por medio del “amor”. Ya Leni no creía en eso.

Una brisa fría le recordó que aún era temprano en la madrugada. Luego de estar sentado a la orilla de la cama, Leni decidió levantarse y revisar su teléfono celular. Tras revisar sus mensajes, comprendió que su decisión era la mejor.

Un par de decenas de mensajes de dos chicas harían que cualquier hombre se sintiera deseado, halagado, querido y casi venerado. Pero Leni, no. Él se sentía comprometido, atado a dos personas por las cuales no tenía intención de crear algún tipo de conexión sentimental. Ellas, quienes se atrevían a poner sobre sus hombros su necesidad de afecto. Ellas no tenían derecho de poner esa carga en su vida.

Es por esto, que ese día sería el último en el país que lo vio nacer. En unas horas, un avión lo llevaría lejos de ahí, lejos de una vida que perdió sentido en medio de personas que no aportan significado a sus días. Unas personas que drenaron su capacidad de amar y la cambiaron por desdén.

Leni no pensaba en despedirse, esas chicas no le importan lo suficiente como para pensar que les deba ese gesto. Ellas han disfrutado más de estar con él que lo que él ha disfrutado verse cubierto de sus gestos de “cariño”.

Lo único que Leni esperaba era que su familia cumpliera su promesa de no revelar su futuro paradero. Tal vez, ese era el último vestigio de fe en la humanidad que tenía; su familia o tan solo era el hecho de sentir que era lo mínimo que ellos podían hacer por él, ya que, fueron ellos quienes le inculcaron ser ese buen hombre que permitió por años que otros hicieran lo que quisieran con su vida.

El frío de la madrugada se intensificó y Leni podía escuchar la lluvia que comenzaba a caer sobre los techos de las casas alrededor de la suya. Por lo que decidió colocar el teléfono de nuevo sobre la mesa, sin leer los mensajes, y regresar a la cama junto a aquella chica.

Una mujer que sin saber, sería la última persona de su antigua vida en verlo sonreír escuchando la lluvia caer, como lo hacía desde niño.

 

 

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