Minerva tomó la decisión de proseguir con el plan y avanzar ahora que sabía que Bleak y Weaver estaban a salvo con los grupos de udyats que las Fuerzas de Retención habían desplazado en los puntos estratégicos dentro de Kolob.

Sin embargo, a “Miva”, como conocían los amigos a Minerva, aún le preocupaba no haber recibido comunicación directa de Horus o de la gente de Mu, ya que, a esta hora, según la estrategia, el plan debería estar consumado y todos tendrían que estar regresando a casa con las cinco piezas de la llave que abriría el templo de Kolob donde está el “Testamento de Rin”, el cual la Retención cree está siendo manipulado por el Alto Mando.

Miva toma su mochila, un bolso digno de una chica de 15 años que se dirige al colegio y es que por su contextura delgada, su metro sesenta de estatura, su piel sedosa y su rostro radiante cubierto de pequeñas pecas, cualquiera confundiría a esta mujer de 27 años con una chica que recorre rápidamente las calles de Kolob, preocupada porque su examen de Estudios Sociales o Matemática va a comenzar en minutos.

Con la “Lanza” asegurada y cubierta en una especie de doble forro dentro de su bolso, así como una pequeña selección de artículos femeninos para desviar la atención, Miva terminó de alistar el bolso. Ahora, frente a un gran espejo de casi del tamaño de toda la pared de su habitación, ella se cambiaba de ropa y dejaba atrás su apariencia de soldado/exploradora y aparentaba ahora a una adinerada joven, típica del centro de la capital.

Luego de revisar que sus aparatos de comunicación estuvieran en orden y que no existiera posibilidad de perder una posible comunicación de Horus, Minerva cargó su arma y la escondió dentro de su abrigo.

A pesar de no estar acostumbrada a los lujos de la capital, Miva hizo un extraordinario trabajo creando su nueva imagen. Un elegante vestido gris se ajustaba como guante a su esbelta figura, zapatos bajos para agilizar el paso le restaban un poco de formalidad a su apariencia, un look más que perfecto para las jovencitas de la época. Por encima de todo, un abrigo violeta profundo ayudaba a resaltar el rubor de sus mejillas y el tono quasi púrpura de sus labios mal adaptados al frío de Mu y Kolob.

Aunque su pasión siempre ha sido la lucha contra el Alto Mando, Minerva nunca podrá olvidar los años junto a sus padres y la vida que llevaba en la ciudad antes de que todo cambiara para mal. Miva se queda mirando su imagen en el gigantesco espejo mientras recuerda los días de su juventud mientras pasaba las mañanas en el instituto con sus amigas de clase pudiente y las tardes en el club campestre junto a su madre o a veces, en muy raras pero emocionalmente incomparables ocasiones, con su padre.

Un golpe en la puerta sacó a Minerva de su trance, mientras se perdía dentro del brillo de sus propios ojos reflejados en el espejo.

Su corazón se aceleró inmediatamente, ya que, no esperaba visitas y mucho menos pensó que alguien supiese que ella se encontraba en esa habitación. A pesar de estar sorprendida y agitada por la inesperada visita, Miva controló su respiración casi como si se encontrase sumergida para evitar que la persona que estuviese afuera escuchara la más remota señal de actividad desde el interior del cuarto.

Miva caminó hacia la puerta como quien da pasos en una cuerda floja: con extremo cuidado y en su caso, previniendo el ruido que sus zapatos nuevos pudiera causar al friccionar con el piso de su pequeño cuarto.

Al llegar a la puerta, colocó su oreja a milímetros de la puerta para evitar apoyar el más mínimo peso de su cuerpo en la madera y evitar algún tipo de sonido. Aunque sus movimientos parecían fríos y calculados, lo cierto es que sus manos temblaban ligeramente y su corazón parecía estar a punto de explotar entre la incertidumbre del momento y los esfuerzos casi inhumanos de Miva por controlar el ritmo de su respiración.

De nuevo, el golpeteo en la puerta. “Servicio de limpieza. ¿Desea que regrese más tarde?” preguntó la voz de una mujer.

El aire regresó de lleno a los pulmones de Minerva mientras ella relajaba su puño izquierdo y sacaba su mano derecha de su abrigo. “Más tarde estará bien, gracias”, respondió la joven, pero justo cuando comenzaba a caminar por la mochila dejando la puerta atrás, un fuerte golpe la hizo saltar por los aires y esconderse detrás del sofá de su sala de estar.

El brillo proveniente desde la puerta le complicó poder ver que clase de servicio a la habitación era tan vehemente en sus labores. A pesar de su chiste personal, Mina no soltó el arma, ahora en su mano izquierda, su mano más hábil ni tampoco dejó su escondite tras el sofá.

“Sal de ahí, niña. Luego de semejante error estratégico, lo mínimo que puedes hacer es dar la cara”, vociferó una fuerte voz varonil con un tono serio pero a la vez burlesco.

El rostro de la joven se iluminó con una enorme sonrisa y sin pensarlo dos veces se levantó del suelo y corrió hacia los brazos del hombre.

“Niña, dos errores en menos de un minuto. Aún no entiendo como Horus te dio la responsabilidad de ser uno de los Spearheads en esta misión tan importante”, dijo el hombre mientras rodeaba a la joven en un abrazo que al parecer llevaba largo tiempo esperando por entregar.

“A ver. Dime Ull, ¿cuál fue mi error?, dijo Minerva intentando sonar seria e incluso molesta pero su sonrisa era la dueña de su rostro en ese momento.

“Primero”, responde Ull con un falso tono de seriedad y autoridad, “contestaste la puerta a esa ‘sirvienta’ que resulta nunca fue una sirvienta, era yo con este pequeño dispositivo distorsionador de voces”, explica Ull mostrando un aparato un poco más pequeño que una caja de cerillos.

“Luego, como si fuera poco, una fuerza que no puedes ver abre la puerta de la habitación en la que se supone nadie sabe que estás y te habla en la dulce voz de tu adorado hermano Ull y lo primero que haces es salir corriendo a los brazos de ese desconocido. Niña, si no hubiera sido yo, ya estarías muerta o aún peor, serías prisionera del Alto Mando”, concluyó Ull esta vez con un verdadero tono de seriedad y con un brillo en sus ojos cargado de preocupación.

Minerva miró a su hermano con dulzura, una dulzura que se rompió inmediatamente cuando la joven golpeó el brazo de su hermano con un puño cerrado. “Ya te he dicho que me sé cuidar sola. Desde el principio sabía que esa no era una sirvienta. Lo que no esperaba era que alguien abriera la puerta. Estaba apunto de tomar la mochila y salir de aquí pero a mi hermanito mayor le encanta hacer sus entradas dramáticas”, dijo la joven con una mirada cargada de fiereza y con un aire retador hacia su hermano.

“Está bien, está bien. Vamos entonces. Ya este lugar no es seguro y de todas formas es momento de continuar con la misión”, continuó Ull.

“Por cierto, ¿cómo sabías que estaba aquí? Pensé que solo Horus, Weaver, Garm y yo sabíamos de esto”, consultó Miva.

“De hecho por eso estoy aquí”, dijo Ull tomando un respiro profundo. “La situación ha cambiado. Según órdenes de Garm  y de acuerdo con lo que me dijo Antlia, los planes han cambiado. No sé que pasó pero al parecer todo deberá suceder más rápido y con mucho más cuidado que antes”, terminó el delgado pero musculoso hombre cuya piel deja ver horas y horas de exposición al sol y climas extremos por largos periodos.

“¿Cómo que los planes cambiaron? ¿Cómo se supone que…”,

“Lo que debes entender es que tu misión cambia de aquí en adelante. Te vienes conmigo y la locación que te dieron como punto de encuentro para regresar a Mu es punto muerto. Vamos para un hangar en las afueras de la ciudad, cerca del muelle”, interrumpió Ull.

Con más interrogantes que respuestas y con la Lanza cubierta dentro de su bolso, Miva sigue a Ull y ambos logran pasar por una pareja de novios, despistando así cualquier información que el Alto Mando pudiera tener sobre la pareja de hijos del Barón Eris y su esposa.

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