El abismo y la cuerda

El miedo al fracaso debe ser la fuerza más abrumadora que enfrenta cada ser humano en la vida. Ese temor de ver cómo algo por lo que se lucha, algo en lo que se cree, se derrumba ante nuestros ojos sin la posibilidad de hacer algo para evitarlo.

Un fracaso lleva a la desesperación, a pensar que el proyecto de vida y el camino que se eligió para desarrollar ese proyecto es erróneo y de ahí, comenzamos a cuestionar cada una de nuestras decisiones e incluso el mismo centro de nuestro ser. Ya nada es seguro.

Pero, a veces, la vida nos da la oportunidad de aprender que los fracasos no son el final del camino sino el instante mismo donde abrimos nuestros ojos y por fin vemos la luz de lo que verdaderamente está reservado para nosotros.

Es aquí, donde mi historia comienza.

Lo aposté todo por un cambio en mi vida, el cual, encarnado en una chica a la que creí especial, deposité la confianza de que de ese momento en adelante, las cosas iban a tomar un rumbo definitivo y podría por fin comenzar a sentar cabeza y buscar la estabilidad que tanto he añorado.

Ohhh… pero qué equivocado estaba.

El mismo deseo de que la apuesta realizada, funcionara me llevó a omitir hechos tan reales y ahora penosos que es difícil pasar por el sendero del recuerdo y visitar estos lugar que yo mismo creé en mi cabeza.

Son semanas intentando olvidar que todo esto alguna vez fue lo que yo llamaba “mi realidad” que ahora mi corazón se agita al recordarla, pero no por los mismos motivos de antes.

Ella se convirtió en el espectro que succionó mi felicidad y en el abismo del cual pensé nunca salir. Esa sensación de chocar contra una pared tras tropezar nuevamente con una molesta y arrogante piedra.

Como el día en el que salimos a cenar y sus palabras más “amorosas” fueron “no es el peor lugar al que he ido”. ¿Qué más señales necesita una persona para darse cuenta que quien va de la mano contigo por la calle tiene en su pecho una jarra de vinagre en lugar de corazón?

Pero bueno, dicen que el “amor” (notar por favor las comillas) es ciego. Por experiencia propia, añadiría, estúpido, confiado y degradante.

Dicen por ahí que no se debe odiar a todas las rosas si un día llegaste a pincharte el dedo con una de ellas. Pero he llegado a pensar que si te llegas a pinchar con una rosa es porque dejas que tus dedos lleguen a esas espinas. Es decir, bajas la guardia y de ahí la tragedia.

Como por ejemplo otra noche en la que, caminando por la calle, tomados de la mano en un momento de profunda comunión entre dos almas, de pronto, sin previo aviso y sin mediar palabra, ella me suelta de la mano y me pide que camine a su lado como si no la conociera, como si fuera un extraño en su vida (me sonó a canción).

Su motivo, una compañera de trabajo caminaba cerca y no quería que la vieran conmigo. O sea, ¿qué más necesitaba para saber que la tipa bombea hielo por sus arterias y que le preocupa más lo que piensen otras personas de ella que expresar sentimientos reales por las personas que le rodean.

Yo seguía cayendo en ese abismo de cabello corto, labios suaves, manos cálidas y piel de seda. Un abismo que como tal, me absorbía en una profunda oscuridad, tal oscuridad que fue imposible para mí notarla día a día, instante a instante que pasaba (desperdiciaba) con ella.

¿Pero qué se necesita para salir de una situación así y poder ver la luz fuera de ese abismo?

Bueno, en mi caso, necesité amar a alguien más profundamente. A una persona que sabe exactamente quien soy yo y me ama por ello. Necesité buscar en lo más profundo de mi ser para saber que esta persona es la única capaz de devolver la luz a mis días.

Esa persona, soy yo.

Nada como el amor propio y el respeto para obtener la fuerza necesaria de salir de esos abismos. Una vez más, veo la luz y la oscuridad se aleja de mi vida cada día más y eso es maravilloso al iniciar un año nuevo.

Pero saben qué es mejor, en esa nueva luz, en la lejanía de la oscuridad, aparece una cuerda que posibilita el ascenso de una forma más llevadera y completa. Sin oscuridad no hay luz y sin luz no se puede ver la cuerda de rescate que te mantiene vivo.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s