Viajero del tiempo

Creo que no es normal decir que tengo una TARDIS en mi casa.

Quienes son fanáticos de la ciencia ficción tal vez sean seguidores de la serie británica Doctor Who y el término “Tardis”, el cual, se refiere a la máquina del tiempo/ nave espacial del personaje principal de la serie.

Es por esto, que es poco usual hablar de tener una Tardis en el medio de mi propia habitación.

Una gran obra artesanal creada por una amigo con precisas habilidades con la madera, el arte a escala y la electricidad. La Tardis cobra vida y asemeja en cada detalle a la nave del Doctor, personaje principal de la serie.

Para los que no se familiarizan con la forma de dicha nave, esta máquina del tiempo se asemeja a una caseta telefónica de mediados de los años 60 en Inglaterra. La diferencia, es que esta es de color azul, las cuales fueron puestas a disposición del público para poder contactar de forma directa a la policía o cuerpos de socorro si era necesario.

Según la serie, la nave espacial tomaba la forma de algún objeto habitual en el planeta y en la época en la que llegara, no obstante, al llegar al Reino Unido en el año de 1963, cuando la serie comenzó, su sistema de camuflaje sufrió una avería, lo que provocó que la nave tomara la forma de caseta telefónica desde ese momento para nunca cambiar (al menos, no significativamente).

Pero mi Tardis, obviamente no tiene poderes de camuflaje, ni viaja por el espacio. Sin embargo, sin esperarlo, me ha llevado a viajar por el tiempo.

Una tarde y luego de compartir en mis redes sociales una fotografía de la nueva integrante de mi colección de objeto de Doctor Who, la Tardis, recibí un mensaje que jamás esperé. Una persona que pensé había dejado atrás, en un lugar ahora desconocido, volvía a aparecer. Tiempo atrás, ella y yo éramos el mundo conocido; hoy, la distancia en el tiempo y el espacio nos llevó por senderos muy distintos.

Fue un mensaje tan inesperado como extraño, ya que, lo que sucedió entre nosotros tiempo atrás, era motivo suficiente para detonar una pelea de proporciones épicas, por la cual no nos volvimos a ver y mucho menos a compartir en redes sociales, que hoy en día es más habitual, y socialmente esperado que las conversaciones cara a cara.

 La conversación fluyó como si el tiempo nunca hubiese pasado. Era una cualidad que tenía nuestra extraña relación, ya que, varias veces nos habíamos distanciado por estar en puntos muy distantes de nuestra vida y con los meses o incluso los años, nuestros caminos se volvían a juntar.

Esa rara cualidad de “obviar” el paso del agua bajo nuestro puente no quitaba del todo el peso de las heridas que cargamos pero sí es capaz de hacernos sentir como que ese dolor es secundario y que un día juntos tiene el poder necesario para borrar esos meses y/o años de la memoria de ambos.

El tiempo es relativo según dicen, y para nosotros lo relativo está en la calificación de nuestra relación que se ha extendido por años pero que nunca ha sido lo que ella ha querido ni lo que yo he esperado. Simplemente ha sido.

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