Escarabajos

Las personas se amontonaban a ambos lados de la calle. Personas de todas las edades, algunos, parados de puntillas con la intención de capturar cualquier tipo de información visual que saciara su inagotable curiosidad.

Aunque no era para menos. El evento que los había reunido esa calurosa mañana de agosto era un desagradable acontecimiento que solo en las noticias sobre los lugares más peligrosos del país se podía apreciar. La magnitud de lo ocurrido permearía, de seguro, las pláticas de vecinos, las tertulias en el parque central de la comunidad y los comentarios en las redes sociales.

Un doble asesinato había ocurrido la madrugada anterior y aunque el número de muertes ya era clara y dicha información se había esparcido como la peste por todo el lugar, los detalles de lo que esas muertes desencadenaron atraían a los curiosos a los alrededores del lugar de los hechos como dulce a las hormigas.

La presencia policial y el acordonamiento de casi una manzana alrededor de donde, supuestamente, ocurrieron las muertes, no hacía más que avivar el deseo de los curiosos de permanecer en el lugar para ser testigos de primera mano del desenlace de tan perturbador episodio en la vida de lo que normalmente es un pueblo pacífico, casi al punto del aburrimiento extremo causado por la rutina extrema.

Según los rumores que circulaban por la calle, el autor de los crímenes se encontraba atrincherado en una casa, con rehenes en su poder y ningún deseo de entregarse a la policía para hacerle frente a los cargos que ahora pesaban sobre su cabeza.

El sujeto habría asesinado a dos compañeros de negocios y cuando todo salió mal y la policía actuó más rápido de lo que él esperaba, corrió hacia la primera casa que estaba abierta y ahí tomó refugio mientras buscaba una alternativa a seguir su camino pero en la parte trasera de una camioneta de la policía.

Algunas de las personas en la calle decían que el tipo era un reconocido criminal de la zona, el cual tenía la tendencia de tomar las cosas que no le pertenecían. Otros, aseguraban que era un joven extraño que había estado merodeando el lugar los dos últimos días y una mujer aseguraba que el sujeto era diferente a cualquiera que hubiese rondado la zona días atrás.

Poco sabía esa mujer que tan diferente era ese hombre…

Dentro de la casa, la conmoción en el exterior era casi perfecta, de no ser por el hecho de que todos los ojos estaban sobre la vivienda.

Con tantos testigos reunidos en un solo lugar, un evento secundario, una distracción de grandes proporciones podrían permitirle salir de la vivienda sin levantar sospechas, evitar la policía y de paso seguir en su misión, la cual, solamente había comenzado la noche anterior con la captura de esos dos “escarabajos”, como se hacían llamar los miembros de la Gran Secta de Terón.

Para todos aquellos que estaban fuera del conflicto, él no era más que un simple y vulgar asesino, un despiadado criminal que horas antes había atravesado la garganta de dos hombres con una daga y cuya reacción fue correr y esconderse en la casa de una familia inocente.

“Brillante primera noche de cacería. Poner en riesgo a inocentes, casi revelar mi identidad y de paso, probablemente, poner sobre aviso a la Secta”, pensó Alzirr para sus adentros.

Ahora, mientras sus “rehenes” duermen bajo el efecto del conjuro que logró invocar antes de que pudieran ver su rostro, Alzirr piensa que tipo de fórmula, de las que trae consigo podría crear la distracción que necesita sin causar más caos y confusión en ese pueblo y de paso sin causar víctimas inocentes en su plan de escape.

Sus tres opciones finalistas, luego de descartar el Kowen, conjuro que explotaría media manzana; y el Bowhard, que causaría severos, aunque temporales, trastornos en la salud de las personas en unos 400 metros alrededor, se reducían a Medes, un destello de grandes proporciones; Kalos, una proyección de alguna cosa que Alzirr imaginara, y por último, su preferida; Breeg, la cual desataría un clima de tormenta en los alrededores, durante el tiempo suficiente para que las personas se dispersen lejos del lugar y la policía deba replantear sus cierres de carretera y la estrategia ante la poca visibilidad y la fuerza de los elementos de la naturaleza.

Alzirr apretó la piedra de energía en su puño izquierdo y tras murmurar unas palabras, arrojó la roca al patio trasero de la casa. Antes de tocar el suelo, la piedra se detuvo en el aire y subió hacia los cielos como un cohete. En segundos, el cielo comenzó a tomar los más diversos matices del color gris y la lluvia parecía inminente.

Alzirr sabía que sería inminente.

En minutos, el torrencial aguacero comenzó a caer sobre el pequeño pueblo y el fuerte viento causaba suficiente conmoción para que incluso la policía se intentara poner a resguardo, bajando la guardia con respecto al sospechoso que tenían rodeado en la pequeña casa a mitad de la cuadra más antigua del lugar.

Alzirr, agotado por el uso de dos conjuros en menos de doce horas pensó hacer algo por lo cual su maestro lo habría castigado por lo menos con una semana de confinamiento solitario, pero bajo sus actuales circunstancias, no le quedaban muchas opciones.

Para el momento en el que Medes impactó la casa en la acera del frente, Alzirr se escabulló por el lugar menos pensado: la puerta principal.

El cegador destello fue confundido por las autoridades y los pocos curiosos como el golpe de un rayo. Sin embargo, el asunto pasó a un segundo plano porque las autoridades lograron rescatar, sanos y salvos, a los rehenes del presunto asesino.

La familia que había sido tomada como prisionera en su propia casa, no pudo brindar grandes detalles del sujeto a la policía, ya que, decían que habían caído en un profundo estado de sueño, posiblemente que habían sido drogados y que no recordaban nada de lo que todo el pueblo comentaba desde la semana pasada, cuando todo ocurrió.

Alzirr, sabía que su misión debía seguir y que, al menos por ahora, su cubierta seguía funcionando, ya que, nadie en ese pueblo que él visitaba a diario en busca de información, lo podía identificar como el asesino de aquellos dos sujetos.

Esos Escarabajos, vendedores de droga de poca monta para las autoridades, tenían un plan importante en sus manos y Alzirr logró solamente postergar que su objetivo se cumpliera, pero él sabía que era cuestión de tiempo para que la Secta enviara a más de sus discípulos a aquel pueblo, epicentro dormido de un gran poder.

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