El plan fue el indicado, ya que, las cosas que se planean de pronto generalmente salen mejor. Por eso, el día fue perfecto

Por semanas habíamos hablado de ir a ese lugar pero cada nuevo plan, evento e idea nos alejaban más de lo que habíamos planteado al inicio. Sin embargo, por fin tomamos la decisión y al estar ahí nos dimos cuenta que era simplemente el principio de una extraña aventura.

Cuando salimos de la casa, no sabíamos a ciencia cierta el final de la ruta. Pero ya en el camino, el clima se comportaba de maravilla para dejar volar el reloj y que la creatividad tomara control del viaje.

Las montañas, entre la neblina, el fuerte viento y tu tímido sol que lograba dejar su huella sobre la piel, invitaban a recorrer sus senderos y explorar las maravillas que estuvimos posponiendo por semanas.

A nuestra llegada al restaurante, la laguna se veía impresionante. La vasta extensión de agua era un tesoro perdido en medio del bosque. Un alucinante regalo de la naturaleza que pocos privilegiados tienen el derecho de llamar el “patio de sus casas” y conservan la posibilidad de despertar cada día y al mirar por la ventana de su casa, regocijarse con el espectáculo del sol, la neblina y la hermosa extensión de la laguna.

Aunque el camino invitaba a bajar hasta la orilla, la vista desde la distancia era un agasajo para los ojos y la posibilidad de admirar semejante obra de la naturaleza desde la distancia nos detuvo ahí.

En el camino, tomamos una desviación que nos condujo a un sitio inesperado. Inesperado por su belleza y por el hecho de que está ahí para el disfrute de todo quien quiera pasar una tarde increíble.

Jardines cargados de colores, un lago lleno de vida con peces y personas que recorrían sus aguas en pequeños botes y una torre para quienes querían experimentar la adrenalina del canopy hacían de este espacio un inesperado oasis de aventura y belleza que abría sus puerta de forma gratuita a todos los visitantes que decidíamos que el día era joven y que el momento era para disfrutar.

Nuestra llegada a esas Colinas fue una invitación para que agregáramos una serie de experiencias más a la lista de eventos que ya colocaban a nuestra peculiar amistad como una de esas a las que el tiempo no borraría fácilmente.

La lluvia cubrió nuestro avance hasta ese lugar y la poca visibilidad en el camino invitaba a detenerse por un chocolate caliente y de paso, recordar otras de las aventuras que comenzaron o terminaron con la lluvia como testigo.

Por varios kilómetros la música, los nuevos planes, la plática y los recuerdos de aventuras pasadas consumieron el tiempo y la distancia hacia nuestro destino. en el horizonte, las nubes amenazaban con interrumpir nuestro día pero no con arruinarlo porque horas antes, lo habíamos empezado de maravilla.

Salir de casa esa mañana se había convertido en una decisión complicada en medio de una celebración y luego de muchas decisiones difíciles, pero sabíamos que la vida es una y que las experiencias están para vivirlas y no para dejarlas morir en el espacio de lo que “nunca fue”.

Advertisements